El acero frente al espejo: de los órdagos nipones a la volatilidad diaria en Buenos Aires
Ha pasado ya un poco más de un año desde que el gigante japonés Nippon Steel se hiciera con la icónica U.S. Steel, y el panorama sigue teniendo bastantes claroscuros. Se habló en su día de un desembolso monumental, un compromiso de inyectar 11.000 millones de dólares en la histórica firma de Pittsburgh antes de que acabe 2028. Sin embargo, a día de hoy, casi todo ese dinero no es más que papel mojado. Si nos ceñimos a los números duros, los japoneses apenas habían rascado el bolsillo con menos de 200 millones hasta finales de marzo, según revelan los últimos informes. La hoja de ruta marca que esperan llegar a los 580 millones invertidos para agosto, enmarcados en un paquete de proyectos ya aprobados de 3.200 millones (cuyo plato fuerte ni siquiera verá la luz hasta principios de 2029). Desde Nippon siguen insistiendo en que la promesa de los 11.000 millones sigue en pie, pero no han soltado prenda sobre cómo ni cuándo se van a repartir los 7.800 millones restantes.
Si rebobinamos un poco, el culebrón político tuvo tela. La administración Biden llegó a vetar la compra alegando motivos de seguridad nacional, un movimiento que en el sector apestaba bastante a mero postureo electoral. Trump también se subió al carro del «no» en un principio, pero acabó cambiando de chaqueta cuando Nippon subió la apuesta económica y coló sobre la mesa una famosa “acción de oro” no financiera. Ese as en la manga le otorgaba a la Casa Blanca cierto poder de veto y control corporativo.
Viendo la foto completa, parece que los japoneses han logrado estabilizar el barco de U.S. Steel manteniendo tranquila a la plantilla sindicalizada. Incluso manejan unas previsiones de beneficios que superan los 600 millones para 2026, lo que marcaría de lejos el mejor año de la empresa desde 2023. Además, los aranceles al acero impuestos por Trump han dado un respiro tanto a la compañía como a sus competidores patrios, compensando en parte una demanda de acero para la construcción que sigue algo estancada, y eso que el boom de los centros de datos está ahora mismo en boca de todos. El ruido político sobre la seguridad nacional ha pasado a mejor vida y el Gobierno estadounidense ni siquiera ha amagado con utilizar esa acción de oro para meter mano en las decisiones de la directiva.
Pero claro, no es oro todo lo que reluce. La adquisición ha dejado a Nippon con el agua al cuello a nivel financiero, despertando bastantes recelos en el mercado sobre si realmente tienen el músculo necesario para soltar toda la pasta que prometieron. El apalancamiento de la compañía se ha multiplicado casi por tres desde que se cerró la operación, un lastre que le costó una rebaja de calificación por parte de S&P, quienes hace nada volvieron a confirmar sus perspectivas negativas. Las acciones de Nippon en Tokio apenas se han movido desde la fusión, mientras que sus ADR cotizados en EE. UU. —que mueven mucho menos volumen— se han desplomado. Un representante sindical lo resumía hace poco en el Pittsburgh Tribune con bastante crudeza: “Tenemos a los mismos de siempre, en la misma situación de siempre, contándonos la misma milonga… No me creeré una palabra de esta gente hasta que no vea el acero salir de la fábrica”. Al final, U.S. Steel se pasó casi dos años en vilo esperando conocer su destino, y ahora le toca sentarse a esperar a que Nippon pase del dicho al hecho.
Mientras en el hemisferio norte el sector siderúrgico juega a la alta geopolítica y a las promesas de miles de millones, en latitudes más australes la realidad del acero se mide al milímetro en el parqué del día a día. El contraste perfecto lo pone Ternium Argentina SA, un peso pesado de la industria que refleja un pulso bursátil mucho más terrenal.
Esta histórica compañía, con sede en Buenos Aires y fundada el 7 de marzo de 1962, es un referente en la fabricación de acero laminado en caliente, galvanizado en frío, hojalata y perfiles estructurales. Cotizando en la bolsa BCBA bajo el ticker TXAR, sus acciones de Clase A marcaban al cierre de las 03:14 (GMT+7) los 662 ARS, dejándose un 2,22% en apenas 24 horas (una caída de 15 pesos). Es el pan de cada día en los mercados emergentes. Aunque a corto plazo han rascado un ligero repunte del 0,30% en la última semana, el balance mensual arroja un recorte del 1,93%. Eso sí, si ampliamos el foco a la variación anual, la firma logra mantenerse en verde con una subida del 2,48%.
Basta echar un vistazo al gráfico histórico de Ternium para entender la brutal volatilidad a la que está expuesta la industria a nivel local. Muy lejos quedan ya esos máximos históricos de 1.200 ARS que el valor tocó el 17 de octubre de 2023, por no hablar del suelo absoluto de 0,596 ARS que llegó a marcar allá por la primavera de 2009. Son, en definitiva, dos caras de la misma moneda: un mercado global del acero capaz de mantener a gigantes corporativos a la espera de rescates faraónicos en Norteamérica, mientras aprieta las tuercas de la cotización diaria al sur del continente.