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El ritmo de la taquilla: el desgaste de la nostalgia frente al arrollador éxito de los ‘biopics’

La existencia misma de películas como ‘Mamma Mia! Una y otra vez’ evidencia una realidad insoslayable en la industria. Los grandes estudios padecen una alarmante escasez de ideas frescas, prefiriendo reciclar historias al azar para mantener la maquinaria y la taquilla funcionando a pleno rendimiento. Resulta evidente que esta secuela, estrenada toda una década después de aquel fenómeno que recaudó más de 500 millones de euros y le valió a Meryl Streep una nominación a los Globos de Oro, responde a puros intereses financieros. Lo que en 2008 fue un triunfo absoluto, hoy naufraga. Los guionistas han sudado la gota gorda para justificar una continuación innecesaria. Phyllida Lloyd, responsable del montaje teatral original y de la primera cinta, abandonó la silla de directora. Su lugar lo ocupa Ol Parker, un cineasta londinense conocido por ‘El exótico hotel Marigold’, cuyo estilo encorsetado y tendente al melodrama romántico rancio choca frontalmente con el material.

Bailando por un cheque al son de ABBA

El encanto de la primera entrega radicaba en su premisa desacomplejada. Era una comedia de enredo articulada en torno a los grandes éxitos de ABBA, paradigmas del pop ligero de los setenta, lo que garantizaba una experiencia festiva en el patio de butacas. La libretista Catherine Johnson supo trasladar esa magia al guion. Se notaba. El reparto estelar, que incluía a Streep, Stellan Skarsgård, Colin Firth, Pierce Brosnan y Amanda Seyfried, salió a escena con más desparpajo que virtuosismo. ‘Mamma Mia! Una y otra vez’, por el contrario, se sitúa en las antípodas. Al libreto de Parker le sobra gravedad y le falta chispa. Salvo honrosas excepciones como Christine Baranski, Skarsgård y Firth, quienes aún conservan un envidiable pulso cómico, el resto del elenco actúa con desidia. Las coreografías resultan sosas y de manual. Da la sensación de que todos mueven los pies pensando únicamente en cobrar el cheque, especialmente los más jóvenes, que parecen sufrir una astenia primaveral crónica. Al menos los incombustibles temazos del cuarteto sueco siguen funcionando.

Para encajar las piezas, la película abusa del manido recurso de los ‘flashbacks’. Nos cuenta cómo Sophie (Seyfried) acabó teniendo tres padres y detalla la llegada de su madre Donna (Streep) a una remota isla griega. El exceso de intensidad asoma desde el minuto uno. Donna falleció hace un año, un dato que los diálogos machacan sin piedad, y su hija decide inaugurar un hotel en su honor. Sin su marido Sky ni dos de sus padres presentes por motivos laborales, la joven afronta los imprevistos del negocio mientras la trama viaja al pasado. Vemos a una joven Donna, encarnada por Lily James, recorriendo Europa tras ser ignorada por su propia madre, una Cher que a ratos parece Catherine Deneuve. Parker impregna este periplo de una melancolía que no pega nada con el espíritu popero de ABBA. En su viaje, la chica conoce a Harry, un inglés estirado; a Bill, un sueco intrépido con barco propio; y a Sam, el clásico guaperas en año sabático. Tres amores fugaces que culminarían en el embarazo.

El ‘Rey del Pop’ revienta los cines

Curiosamente, mientras las fórmulas musicales basadas en la simple nostalgia muestran signos de fatiga creativa, los ‘biopics’ de grandes leyendas viven un momento dorado. Si hace unos años el ‘Rey del Rock’ conquistó a las masas, ahora es el turno del ‘Rey del Pop’. ‘Michael’, la cinta biográfica dirigida por Antoine Fuqua, acaba de destrozar la taquilla. Ha firmado el mejor estreno de la historia para una película de este género con la friolera de 97 millones de dólares a nivel nacional, anotándose el octavo mejor arranque de un mes de abril de todos los tiempos. Ha fulminado de un plumazo las marcas previas establecidas por títulos de peso como ‘Straight Outta Compton’ (60,2 millones), ‘Bohemian Rhapsody’ (51 millones) y ‘Elvis’ (31,2 millones). Las cifras hablan por sí solas. La película casi duplica la recaudación inicial combinada de los recientes estrenos sobre Bruce Springsteen, Whitney Houston y Amy Winehouse.

Semejante arranque es un alivio inmenso para Lionsgate. El presupuesto, fijado originalmente en 150 millones, se disparó casi hasta los 200 debido a unos controvertidos ‘reshoots’. La producción decidió eliminar a última hora cualquier mención a las acusaciones de carácter sexual y los problemas legales que persiguieron a Jackson, encareciendo el montaje final. Una inversión de este calibre fía su rentabilidad al mercado internacional. El productor Graham King sabe cómo jugar estas cartas tras el éxito colosal de ‘Bohemian Rhapsody’, que rozó los 900 millones globales. Por ahora, ‘Michael’ acumula 217 millones en todo el mundo, aunque necesitará superar la barrera de los 500 para dejar de perder dinero.

Franquicias incombustibles y el reinado del terror

El panorama de la taquilla actual, no obstante, se nutre de varios frentes. Resulta casi poético que el videojuego original de Mario Bros viera la luz meses después de la publicación del álbum ‘Thriller’ de Jackson, y que hoy vuelvan a cruzarse. El ‘biopic’ ha logrado destronar a ‘The Super Mario Galaxy Movie’ tras tres semanas de liderazgo absoluto. A los famosos fontaneros les sigue yendo de maravilla. Sumaron 21,2 millones en su cuarto fin de semana, amasando un total doméstico de 386,4 millones de dólares y superando los 831 millones a nivel mundial. Todo apunta a que pronto se convertirá en la primera cinta del año en cruzar la mágica frontera de los mil millones.

La ciencia ficción también reivindica su espacio. ‘Project Hail Mary’ mantiene un rendimiento excepcional, cayendo apenas un 35,7% para sumar 13,2 millones a sus arcas. Ya ha rebasado los 300 millones en territorio nacional y supera el ritmo que llevaban en su día taquillazos como ‘Aladdin’. Con una recaudación global de más de 613 millones, se consolida como uno de los grandes triunfos de la temporada. La otra cara de la moneda se la lleva ‘La Momia’ de Lee Cronin. Ha sufrido un fuerte batacazo del 58,6%, quedándose en 5,6 millones durante el fin de semana. Aun así, la cinta de terror ya roza los 65 millones mundiales, lo que supone un negocio redondo para Warner Bros y la asociación de Jason Blum con James Wan. El cine independiente aprovecha para sacar músculo. La productora A24 celebra el buen mantenimiento de ‘The Drama’, que alcanza los 44,8 millones, batiendo marcas internas. Por si fuera poco, la expansión en salas del terror psicológico ‘Mother Mary’, protagonizado por Anne Hathaway, le ha valido para colarse en el ansiado top 10 semanal.

Empresas

El choque de visiones sobre GameStop: Michael Burry apuesta por su valor mientras Steve Eisman desconfía

Las acciones de GameStop han experimentado un reciente repunte cercano al 8% impulsado por un nombre de peso en Wall Street. Michael Burry, el célebre inversor que anticipó el colapso inmobiliario de 2008, ha revelado que está comprando títulos de la compañía. Lejos de buscar una rentabilidad rápida basada en la volatilidad típica de las llamadas acciones meme, el financiero plantea esta maniobra como una inversión de valor a largo plazo. A través de una publicación en la plataforma Substack, Burry explicó que busca adquirir participaciones a precios que ronden el valor contable tangible de la empresa, alejándose del entusiasmo puramente especulativo que ha rodeado al valor en los últimos años.

La estrategia de Ryan Cohen convence a Burry

La tesis principal del fundador de Scion Asset Management, fondo que cerró recientemente, se apoya en la capacidad de Ryan Cohen, el actual consejero delegado, para transformar la entidad. Burry reconoce sin tapujos que el modelo de negocio original de la minorista de videojuegos es deficiente en el contexto actual. Sin embargo, aplaude cómo la directiva ha sabido aprovechar los episodios de compras masivas por parte de inversores minoristas para captar miles de millones de dólares. La idea de Burry es que Cohen utilizará este capital para adquirir negocios rentables y con potencial de crecimiento durante las próximas décadas.

El propio Cohen predica con el ejemplo a la hora de apostar por el futuro de su empresa. La semana pasada desembolsó aproximadamente 21,4 millones de dólares de su propio bolsillo para adquirir un millón de acciones adicionales. Compró un primer paquete de 500.000 títulos a unos 21,12 dólares cada uno, y al día siguiente sumó otra cantidad idéntica a 21,60 dólares por acción. Tras estos movimientos, el directivo eleva su participación al 9,3%, respaldando su postura pública de que los altos ejecutivos deben invertir su propio dinero para alinear realmente sus intereses con los de los accionistas.

Un tesoro de 9.000 millones y la sombra del escepticismo

Gracias a las continuas ofertas de acciones realizadas durante los picos de cotización derivados del fenómeno meme, GameStop cuenta hoy con una liquidez envidiable. La empresa cerró su cuarto trimestre con un colchón de aproximadamente 9.000 millones de dólares en efectivo y valores negociables, además de revelar una posición de unos 368,4 millones en Bitcoin. Se espera que esta abultada cuenta bancaria sea el motor de su reinvención.

Precisamente aquí es donde entra en juego otra figura legendaria de “La gran apuesta”, Steve Eisman, quien rechaza de plano todo este optimismo. Durante una reciente intervención, el inversor desestimó la idea de que GameStop sea una acción de valor y calificó de quimera la expectativa de que la compañía vaya a ejecutar compras corporativas exitosas simplemente por tener la caja llena. Para Eisman, hay demasiadas variables inciertas sobre si comprarán buenas empresas o si pagarán el precio adecuado.

El declive del negocio tradicional

La postura crítica de Eisman se centra en la realidad operativa del negocio. El inversor subraya que la venta física de videojuegos se encuentra en un declive permanente frente al imparable avance de las descargas digitales y las ventas por internet. Aunque GameStop ha logrado volver a la senda de la rentabilidad, este cambio de rumbo se debe exclusivamente a una agresiva política de recorte de gastos, en absoluto a una mejora de sus ventas fundamentales.

Los últimos resultados financieros dan la razón a esta lectura conservadora. Los ingresos trimestrales se situaron en 1.100 millones de dólares, evidenciando una caída respecto a los 1.280 millones del año anterior y quedándose muy lejos de los 1.470 millones que preveía el mercado. Esta debilidad responde directamente a la caída en la venta de hardware y software. Aunque los estrictos controles de costes permitieron alcanzar un beneficio operativo de 135,2 millones de dólares, para los analistas fundamentales el veredicto es claro. Un balance saneado no logra maquillar un modelo minorista fracturado, manteniendo a GameStop firmemente anclada en el terreno de la especulación.