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La gran batalla de los chips en 2026: AMD, Intel o Micron a la caza del trono de la IA

El debate sobre si meter la pasta en AMD, Intel o Micron es, sin duda, el culebrón financiero más seguido del sector de los semiconductores en este 2026. Cada una de estas cotizadas juega en una liga distinta dentro del despliegue de la inteligencia artificial, arrastrando consigo un perfil de riesgo que no tiene nada que ver el uno con el otro. Los hyperscalers llevan un ritmo que apunta a dejarse unos 700.000 millones de dólares en infraestructura de IA este año, un dineral que fluye por los balances de estas tres empresas de formas muy dispares.

Para entender de qué va esto, hay que mirar dónde se sienta cada una en la cadena de valor, un detalle que importa bastante más que las tasas de crecimiento que acaparan titulares.

Por un lado tienes a AMD, el eterno aspirante fabless. Diseñan las CPUs y GPUs pero le pasan el marrón de la fabricación a gigantes como TSMC. Su negocio de centro de datos corta el bacalao hoy en día, con el chip MI350 escalando posiciones como el producto que más rápido ha despegado en la historia de la casa. Solo en el primer trimestre de 2026 facturaron unos 10.300 millones de dólares, un nada desdeñable 38% más que el año pasado.

Luego está Intel, en pleno proceso de reconstrucción de su foundry integrada. Es la única gran fábrica de chips puntera en suelo estadounidense que diseña y manufactura lo suyo. El nodo 18A es el billete de ida o vuelta; se la juegan todo a esa carta. Tener a Apple y TeraFab como clientes externos ancla bajo la batuta de su CEO, Lip-Bu Tan, da cierto respiro y valida un poco el modelo.

Y por último asoma Micron, la apuesta pura por la memoria. Hacen pilas DRAM, NAND y HBM para los aceleradores de IA. Los ingresos por memoria en la nube han pegado un salto brutal, pasando de 2.950 a 7.750 millones de dólares interanuales. Su primer trimestre fiscal de 2026 marcó un récord de 13.640 millones (un subidón del 57%), empujado casi en exclusiva por la fiebre inagotable del HBM.

Donde de verdad se separan los caminos para el inversor es en la rentabilidad y la intensidad de capital. AMD prevé unos márgenes brutos rozando el 54% para 2026. Está por debajo del ~70% de Nvidia, vale, pero es una cifra bastante sana para un diseñador sin fábricas propias. Micron, por su parte, vio cómo su margen bruto no GAAP saltaba 11 puntos de un trimestre a otro hasta plantarse en un tremendo 56,8%.

El caso de Intel es bastante más peliagudo. Sus márgenes siguen asfixiados por los costes de arrancar sus nuevas fundiciones. Hasta que el volumen del 18A no se normalice, los beneficios que reportan van a maquillar a la baja su verdadero potencial a largo plazo. De hecho, soportan la peor parte en el gasto de capital (capex), metidos de lleno en la construcción de macrofábricas en Arizona, Ohio e Israel. AMD va ligero de equipaje en este frente, mientras que Micron se queda en un punto intermedio, un terreno donde acertar con el timing es vital al operar con valores tan cíclicos.

Si miramos a los próximos doce meses, cada empresa tiene unas cartas muy distintas sobre la mesa. AMD saca la artillería pesada en la segunda mitad del año con el MI400, que viene con 432 GB de HBM4 y 19,6 TB/s de ancho de banda. Hablamos de casi un 60% más de HBM que el GB200 de Nvidia. Además, el acuerdo para suministrar 6 gigavatios a OpenAI es el mayor compromiso de IA no vinculado a Nvidia hasta la fecha. Tienen claro su norte: la directiva ya guía el negocio de IA hacia las decenas de miles de millones en ingresos para 2027.

Micron va a lo suyo y con viento a favor. Su pila HBM4 de 12 capas ya está en producción masiva para la plataforma Vera Rubin de Nvidia, soltando más de 2,8 TB/s de ancho de banda. Al tener estatus de proveedor preferente con Nvidia y colar también su HBM3E en el MI350X de AMD, pillan cacho de las hojas de ruta de ambos titanes.

A la hora de cuadrar catalizadores, márgenes y peores escenarios, la foto queda estructurada en niveles bastante claros para cualquier minorista que se precie (y por cierto, plataformas como Gotrade te dejan meter el pie en esta cesta de semiconductores comprando acciones fraccionadas desde un solo dólar).

Nivel 1: El mejor binomio riesgo-recompensa Micron se lleva la palma. La demanda de HBM es estructural, los márgenes crecen sin pisar el freno y, al suministrar a todos, ganan sin importar quién se lleve la corona de los aceleradores. El único coco aquí es el propio ciclo de la memoria, que históricamente ha crujido a los que compran en pleno pico de euforia. Medir el tamaño de la posición es casi más importante que la tesis de inversión en sí.

Nivel 2: Mucho recorrido, pero cuidado con las curvas AMD cae al segundo escalón. El despegue del MI400 y el apretón de manos con OpenAI pintan genial, pero plantarle cara a Nvidia a nivel de ejecución son palabras mayores, y la cotización ya tiene descontado gran parte de este milagro de la IA. Si te pica el gusanillo por entrar, mírate al espejo y asegúrate de que no es puro FOMO.

Nivel 3: La ruleta de la reestructuración Intel es el deep value de manual, y donde te juegas los cuartos de verdad. Ese cambio de rumbo con el 18A, las inyecciones de la CHIPS Act del gobierno y los nuevos clientes son tangibles, pero la presión en las cuentas y el riesgo de liarla con las nuevas fábricas pesan una tonelada. Es una jugada para quien va a varios años vista, tiene estómago y busca meterse en la única gran fundición patria de EE. UU.

Y es que la realidad de los parqués nos está dejando una lectura bastante cruda sobre esta última. Mientras que el interés externo por la fundición mejora tímidamente, los institucionales han estado moviendo ficha con un escepticismo palpable. First National Trust Co, por ejemplo, ha estado soltando lastre, recortando su posición en Intel un 10,6% en el cuarto trimestre tras vender 5.597 títulos, quedándose con un paquete valorado en unos 1,73 millones de dólares. No son los únicos: mientras peces pequeños como Legacy Bridge o Raleigh Capital abrían posiciones simbólicas de menos de 30.000 dólares, otros como HighMark Wealth Management o Provenance Wealth Advisors pegaban subidones a sus carteras, aunque con volúmenes bastante discretos (apenas cientos de acciones).

Aun con todo, los fondos y grandes manos controlan más del 64% del papel. A nivel interno, las señales tampoco invitan a la euforia. El movimiento de la vicepresidenta ejecutiva Boise April Miller, soltando de golpe 40.256 acciones a principios de mayo a una media de 99,53 dólares (un pellizco de 4 millones que rebajó su participación en casi un 28%), no ha pasado desapercibido, dejando a los insiders con apenas un raquítico 0,05% del control de la compañía.

Con la acción abriendo este lunes a 119,84 dólares, el mercado sigue debatiéndose sobre la viabilidad matemática de este giro de timón. Hablamos de un multiplicador de beneficios que asusta (-193,29) y una beta de 2,18 que garantiza sobresaltos a diario. La capitalización aguanta en los 602.320 millones de dólares tras rebotar desde unos mínimos anuales de 18,97, dejando la media móvil de 50 días en 74,44 dólares.