

Cracker Barrel da marcha atrás y recupera su logo tradicional tras la polémica
La cadena de restaurantes estadounidense Cracker Barrel ha decidido cancelar su nuevo logo y volver al diseño original tras una semana de intensas críticas en redes sociales y una notable caída en el precio de sus acciones. La compañía cedió a la presión de sus clientes y de figuras públicas, incluyendo al expresidente Donald Trump.
La presión de los clientes y la intervención de Trump
“Dijimos que escucharíamos, y lo hemos hecho”, comunicó la empresa en una nota de prensa. “Nuestro nuevo logo desaparece y nuestro ‘Old Timer’ se queda”. La decisión se produjo horas después de que Donald Trump interviniera en la controversia, instando a la cadena a “volver al logo antiguo” y “admitir un error basado en la respuesta de los clientes”. Tras el anuncio, Trump felicitó a la compañía en sus redes sociales: “¡Felicidades a ‘Cracker Barrel’ por cambiar su logo al que era. Todos vuestros fans lo aprecian enormemente!”. Las acciones de la compañía, que habían sufrido un duro golpe, experimentaron una subida de aproximadamente un 7% tras conocerse la noticia, recuperando casi todas las pérdidas de la semana anterior.
Un intento de modernización que resultó contraproducente
El conflicto se originó la semana pasada, cuando la directora ejecutiva, Julie Felss Masino, presentó un rediseño del logo como parte de una ambiciosa campaña de modernización valorada en 700 millones de dólares. Felss, con experiencia en gigantes como Starbucks y Taco Bell, fue contratada para revitalizar la marca, cuyas cifras de tráfico de clientes habían caído un 16% desde 2019. El plan incluía un menú renovado y una decoración más minimalista en sus locales. El nuevo logo consistía en un simple escudo dorado con el nombre del restaurante en una tipografía más contemporánea, eliminando la icónica ilustración de un hombre con peto apoyado en un barril, diseño que había representado a la marca desde 1977.
Acusaciones de ser “woke” y abandono de sus raíces
La reacción del público no se hizo esperar. Muchos clientes y usuarios de redes sociales calificaron el nuevo diseño de “genérico”, “sin alma” e “insípido”. Los sectores más conservadores acusaron a la cadena de seguir la corriente “woke” (progre, en español) y de abandonar sus raíces tradicionales americanas para adoptar una imagen corporativa más esterilizada. Una encuesta de YouGov reveló que el 76% del público prefería el logo antiguo. La abrumadora respuesta negativa demostró el profundo arraigo que el diseño original tenía entre su clientela y forzó a la dirección a dar un paso atrás para calmar las aguas.