El gran poeta argentino Juan Gelman ha pedido fraternalmente, a poetas y escritores en todo el mundo, que antes del 10 de diciembre escriban cartas al presidente uruguay Julio María Sanguinetti (fax 5982-4807561, en Montevideo), en demanda de que esa instancia investigue el paradero de su nuera María Claudia García, y de su pequeño hijo o hija, desaparecidos en 1976 por agentes de la dictadura militar argentina, y trasladados a un centro clandestino de detención en Montevideo, donde nació su criatura (nieto o nieta de Juan Gelman) en cautiverio ese mismo año.
Estas cartas serán presentadas en esa fecha en demanda de una real investigación y de cumplida justicia, que incluye la localización y devolución de sus familiares, sanos y salvos, al hogar del poeta Juan Gelman. Aunque hace alguno meses Juan Gelman, obtuvo una promesa del secretario privado del presidente Sanguinetti, Dr. Elías Bluth, de que la presidencia investigaría el hecho, el hecho es que la investigación, si la hubo, no ha producido resultados. El presidente Sanguinetti termina su mandato en marzo del próximo año, y todavía tiene tiempo de investigar y revelar la verdad.
Anexo carta de Juan Gelman y José Saramago al presidente Sanguinetti. Miles de poetas en el mundo se han sumado con cartas y firmas a esta petición, entre ellos Gunther Grass, Hans Magnus Enzensberger, Gonzalo Rojas y Haroldo de Campos. ¿Puedes participar de esta actividad solidaria a otros poetas y escritores del país y de la región?
Esperando que se multipliquen estas comunicaciones y que las fuerza del espíritu que la poesía mueve en el mundo vuelvan a la luz lo que la realidad oculta con tanto empeño.
Con un saludo afectuoso,
Fernando Rendón
Señor Presidente de la República Oriental del Uruguay:
El viernes 7 de mayo último a las l9.30 horas, el Dr. Elías Bluth, Secretario de la Presidencia de la República, tuvo a bien recibirnos a mi esposa, Mara La Madrid, y a mí en su despacho del 7° piso del Edificio Libertad. Deseábamos entrevistarnos con usted, pero se nos explicó que eso no era posible en razón de una agenda muy cerrada por su inminente viaje a Wáshington. Expusimos al Dr. Bluth, entonces, el caso que motivaba la audiencia: nuestra solicitud de ayuda para conocer la verdad acerca del destino de mi nuera, María Claudia García Irureta Goyena de Gelman, y de su bebé nacido en cautiverio.
Es que una minuciosa investigación que mi esposa y yo llevamos a cabo, al margen de cualquier organismo o institución, nos permitió saber que María Claudia, secuestrada el 24 de agosto de 1976 por un grupo de tareas argentino y llevada al campo clandestino de detención Automotores Orletti, fue trasladada por militares uruguayos en la segunda semana de octubre de ese año -junto con los niños Anatole Julien Grisonas de 4 años y su hermana Victoria de 18 meses, hijos de uruguayos desaparecidos en la Argentina- al local que la División III del Servicio de Información de Defensa (SID) ocupaba en Boulevard Artigas y Palmar, Montevideo. Fue un operativo típico del Plan Cóndor. Mi nuera estaba embarazada de 8 meses cuando el traslado se produjo. Estuvo prisionera en la planta baja de ese local, fue llevada al Hospital Militar de Montevideo para dar a luz, la devolvieron al SID y de allí salió a fines de diciembre de 1976 con su bebé en un moisés y rumbo desconocido. Los escoltaban dos miembros conspicuos del SID: el entonces teniente coronel Juan Antonio Rodríguez Buratti, jefe del Departamento III, y el ex capitán José Arab, que prestó servicio varios meses en Orletti. Intercambiaron ante la tropa esta frase terrible: "A veces hay que hacer cosas embromadas".
Pero usted conoce los hechos que ahora expongo ante el noble pueblo uruguayo. Constan en un memorándum elevado a su consideración que el Dr. Bluth pidió que redactáramos y que se comprometió a entregarle. No alimento dudas de que así lo hizo: el 3 de junio a las 20.00 horas llamó a mi casa en México, D.F. y comunicó: "Hablé con el Presidente y le pido que crea cada una de las palabras que le voy a decir. El Presidente siente un rechazo visceral por las denuncias de costumbre, pero nunca lo vi tan sensibilizado por la situación específica. De manera muy sincera dijo: 'Acá (el memorándum) no sobra ni falta una palabra. Voy a hacer todo lo posible para saber y averiguar esto. De este caso me ocupo yo'.
Me da la impresión de que va a hacer todo lo posible". El Dr. Bluth finalizó la conversación con esta promesa: "No deseo crearle expectativas, pero todo lo que podamos averiguar, o no averiguar, o lo poco que podamos averiguar, se lo comunicaré en seguida". Han pasado más de cuatro meses y no tengo noticias de lo que resultó de ese interés declarado. El 14 de julio a las 17.30 horas llamé al Dr. Bluth a su despacho y me atendió una de sus secretarias. Me dijo que el Dr. Bluth no estaba y que lo llamara más tarde. Lo hice una hora después y la respuesta de la secretaria entonces fue: "Justo en este momento el doctor recibió un llamado. Deje su teléfono para que él lo llame al terminar".
Han transcurrido tres meses y aún espero ese llamado. Señor Presidente: el 28 de septiembre afirmó usted que un jefe de gobierno "no es un Buda silencioso y misterioso". Al parecer, sí en este caso. El Dr. Bluth fue preciso en la entrevista que con él mantuvimos. Manifestó que usted y él habían decidido instalar un escudo contra toda remoción del pasado. Que él comprendía mi situación porque era un europeo que había padecido la persecución nazi. Que usted y él habían estado en la resistencia contra la dictadura uruguaya -aunque no en la armada porque consideraban que no era la vía apropiada- y que en esa empresa se habían jugado el pellejo varias veces.
Me pregunto por qué, con esos antecedentes, guarda usted silencio sobre este caso. El robo de niños en cautiverio es el más aberrante de los crímenes perpetrados por nuestras dictaduras. Ese crimen contra un ser indefenso no sólo corta su filiación: también lo desaloja de la historia. Señor Presidente: ¿conoce usted un crimen más ominoso que ése? Mi nieta o nieto -ni su sexo conocemos- fue despojada o despojado de su padre, que apareció asesinado -de un tiro en la nuca a medio metro de distancia, en un tambor de 200 litros relleno de cemento y arena- en el mismo octubre en que su madre fue trasladada de Orletti al SID. Fue despojada o despojado de su madre. Fue despojada o despojado de mí, que emprendí esta búsqueda para cumplir con el único legado que me dejó mi hijo: encontrar al suyo.
Ojalá nunca padezca usted estas angustias, el peso de este vacío doble. Se lo considera el más culto de los presidentes de América Latina y seguramente usted recuerda esta frase de su compatriota, el gran poeta Lautréamont: "Ni con un océano lavarás una sola mancha de sangre intelectual". Especialmente cuando de por medio hay sangre de verdad. Las capas de silencio depositadas sobre el robo de bebés conforman una mancha intelectual que no cesa de extenderse, porque el silencio sobre el crimen lo prolonga. Señor Presidente: ¿ordenó usted la averiguación prometida? Y si lo hizo, ¿ninguna razón de humanidad lo mueve a comunicarme el resultado? Y si no la ordenó, ¿ninguna razón de humanidad lo mueve a hacerlo?
Permítame señalarle que tiene usted a la mano fuentes directas de información al respecto: el personal militar uruguayo que durante 1976 se desempeñó en Orletti y el SID, y también en el Organismo Coordinador de Actividades Antisubversivas (OCOA), el polo del Plan Cóndor en el Uruguay. Por ejemplo: el entonces mayor José Nino Gavazzo, segundo del Departamento III y jefe de los militares uruguayos que actuaban en Orletti; entre otras cosas, encabezó el operativo de secuestro de la ciudadana uruguaya Sara Méndez en el que su bebé Simón, de 20 días, fue robado. El teniente coronel Rodríguez Buratti y José Arab (a) "El Turco", ya mencionados, que bien deben saber a dónde llevaron a mi nuera y su bebé.
Otros represores notorios del
SID: mayor Juan Manuel Cordero, mayor Enrique Martínez,
mayor Alfredo R. Lamy, mayor Mirailles, capitán Ricardo
Medina, Roberto Huert (a) "Elefante", capitán
Gualberto Vázquez (a) "El judío", capitán
José Agustín Baudean, capitán Casas (a) "El
alemán", capitán Menotti Ortiz, el jefe administrativo
Sasson (a), teniente primero (siempre entonces) Luis A. Maurente
Mata, Nelson Sánchez de la Prefectura General Marítima,
teniente Sanders, Sandes o Sandler, coronel Barrios, visto en
Orletti, el oficial principal de la Policía Zabala. Y
los "Oscares" de la OCOA como el mayor Ernesto Rama
Pereyra, (a) "El Tordillo", (a) "Puñales",
jefe operativo del organismo; capitán Pedro Antonio Mattos
Narbondo (a) "El Burro", quien se jacta de haber asesinado
al senador Michelini a la salida de Orletti; comisario Campos
Hermida; Jorge Silveira, (a) "Sierra", (a) "Siete
Sierras", (a) "Chimichurri", entonces capitán
y hoy coronel y asesor del Comandante en Jefe. Y oficiales de
inteligencia como el
que se hacía llamar "teniente coronel Alfredo Bretón",
a cargo de las operaciones conjuntas uruguayo-argentinas, y el
teniente coronel Carlos Calcagno Gorlers, quien habría
trasladado niños de Argentina al Uruguay por el delta del
río Paraná.
Los niños Julien compartieron con mi nuera y su bebé la habitación del SID en que estuvieron prisioneros más de dos meses y medio a fines de 1976. La niña Paula Eva Logares, de dos años, fue secuestrada con sus padres en el Uruguay y entregada a un subcomisario argentino en 1978. El 1° de marzo de este año, en el programa de televisión "Hola, gente", reiteró usted que "en el Uruguay nunca hubo casos de niños secuestrados, como en Argentina". Bueno. Pero en el caso de mi nieta o nieto: ¿qué piensa hacer, Señor Presidente?
(Enviado por Juan Gelman en octubre
de 1999)
Carta de José Saramago al Dr. Julio María Sanguinetti
Para: Exmo. Sr. Julio María
Sanguinetti
Presidente de la República
Uruguay
De: José Saramago Lanzarote
España
Lanzarote, 20 de octubre de 1999
Señor Presidente de la República Oriental de Uruguay:
Me llamo José Saramago, soy portugués, escritor y actualmente vivo en una isla del archipiélago de las Canarias. Mi mujer es española, tengo amigos en toda la América que se expresa en castellano, y también, no sería necesario decirlo, en Brasil, que habla mi lengua. Nada que cultural y socialmente importe al mundo iberoamericano me es extraño. Pertenezco a ese mundo como pertenezco a la aldea donde nací.
Soy Premio Nobel de Literatura, pero no le escribo desde esa condición. Ni siquiera tengo la certeza de que sea por escribir libros por lo que me dirijo al presidente de la República de Uruguay. Querría que esta carta fuese leída sólo porque contiene palabras de un hombre a otro hombre. Es cierto que soy escritor, es cierto que soy Premio Nobel, pero eso viene en segundo y en tercer lugar. Y no lo digo por modestia, lo digo porque únicamente en los seres humanos (por desgracia no en todos) el sentimiento de humanidad puede existir y resistir. Ese sentimiento es el que guía estas palabras.
Juan Gelman, el gran poeta argentino, uno de los mayores que el mundo tiene hoy, busca, desde hace años, a su nieto nacido en 1976, en Montevideo, adonde los esbirros de la dictadura militar, en una operación más del Plan Cóndor, transportaron a la madre embarazada. El padre de ese niño o de esa niña apareció muerto en Argentina, asesinado, con un tiro en la nuca. De la madre nada se sabe, su rastro se pierde en un centro clandestino de detención de Montevideo, capital del país del que el Dr. Julio María Sanguinetti es presidente. Si está vivo, el nieto de Juan Gelman tiene hoy 23 años. ¿Dónde se encuentra? El Presidente de la República Oriental de Uruguay no se llama Juan Gelman, pero podría, para su infelicidad, siendo, como también es, simplemente Julio María Sanguinetti, estar ahora en la situación del Poeta, es decir, buscando con desesperación a su propio nieto. ¿Qué haría? Si Juan Gelman, admitamos ahora esta suposición, fuese el Presidente de Uruguay, ciertamente el Dr. Sanguinetti llamaría a su puerta y le diría: "Ayúdeme a encontrar a mi nieto". Y Juan Gelman, de eso tengo certeza, pondría toda su autoridad al servicio de esa justicia.
Es lo que yo, escritor portugués, le ruego al Dr. Julio María Sanguinetti: "Ayude a Juan Gelman, ayude a la justicia, ayude a los muertos, a los torturados y a los secuestrados ayudando a los vivos que los lloran y los buscan, ayúdese a sí mismo, ayude a su conciencia, ayude al nieto desaparecido que no tiene, pero que podría tener". No tengo nada más que pedirle, señor Presidente, porque le estoy pidiendo todo.
Con el respeto debido.
Atentamente,
José Saramago