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18/1/03   

"Sin cultura, el desarrollo fracasa"

Michael Naumann, ex ministro alemán

El ex ministro vino a Chile hace unas semanas y nos habló de política cultural en las grandes ligas: en su país se gasta el 2,6% del PIB y, lo más importante, es considerada un factor productivo más, en sincronía con lo que los alemanes son y producen. Insiste en algo que la clase parlamentaria de nuestro país no logra entender: "sin cultura, el desarrollo fracasa".

por Nancy Arancibia
Fuente: PrimeraLínea

Michael Naumann no hace gala del peso intelectual y político que tiene, del rol que jugó cuando fue responsable de la política cultural de Alemania entre 1998-2000, ni de su posición actual como director del diario Die Zeit. Con este bagaje y experiencia habla de su país y la forma en que se entiende en Europa una política cultural.

Alemania lleva bastante más años que Chile construyendo su institucionalidad cultural y con más recursos, pero, a diferencia nuestra, tienen clara la importancia social y en el desarrollo económico del país: "Significa tener una sociedad libre, también una sociedad más productiva. Redunda en una sociedad en la cual las cuestiones de justicia y equidad son discutidas con mayor certeza. Estoy seguro de que una sociedad que no recuerda de dónde viene, no sabe tampoco dónde ir".

-¿Qué significa tener e implementar una política cultural?
-Cualquier sociedad, trátese de una tribu arcaica, indígena o de una sociedad industrial altamente desarrollada y diferenciada, o de una nación de tamaño medio; cualquiera de ellas tiene un idioma a través del cual habla de sí misma y con ello cuatro grandes temas que la interrogan: uno es ¿cómo ordeno a la sociedad y en base a qué leyes la estructuro? El segundo tema es ¿quién tiene el poder? Un tercer punto es saber las raíces de la justicia o de la justicia distributiva, de la equidad con que se organiza. Finalmente, para preguntarnos: ¿cómo lo implementamos? ¿cómo pongo en práctica las conversaciones con migo mismo, o sea, de la sociedad con su autodialogo, el que se produce con la literatura, en la escuela, en la filosofía, en la universidad o a través de los mitos?

Este auto diálogo de la sociedad es el que se llama cultura. Es decir, también hay cultura en una pequeña tribu arcaica. Pero en grandes sociedades industriales este diálogo es muy difícil de organizar porque está muy diferenciada y se enfrentan muchos intereses antagónicos o contradictorios. Ordenar y organizar estos intereses antagónicos de tal manera de tomar en cuenta estos cuatro puntos mencionados. Esto es un proceso que no se puede dejar sujeto a la espontaneidad y es, justamente, la misión de una política cultural.

-Esa contraposición de intereses crea la necesidad de implementar una política, en el entendido de que en un país, se lo proponga o no, tiene y hace cultura siempre.
-Es necesario organizar el autodiálogo que se da también en la universidades, en los teatros y en otras instancias. Ese dialogo debe ser fomentado por el Estado porque aquellos que tienen el poder son controlados por este autodiálogo.
Una sociedad en la cual no existe una política cultural, una sociedad que no permite el diálogo libre entre los actores culturales, sea esto la filosofía, teatro o universidades, pero que permite una sola forma de interpretación, donde la sociedad ha abolido el dialogo cultural a favor de un monólogo o una sola convicción, es una sociedad que no sólo no será libre, sino que además no será productiva y fracasará en lo económico y eso es un fenómeno que se ha podido observar en todos los estados totalitarios.

-En nuestro país recién empezamos a crear una institucionalidad para la cultura y no siempre se entiende el rol que la cultura debe ocupar en el desarrollo.
-Los seres humanos se organizan en sociedades, en estados para satisfacer en forma ordenada sus necesidades, que no sólo son serias, sino también de diversión, porque el hombre por naturaleza es lúdico, quiere divertirse, saber cosas y conocer lo que no logra aprender en la vida cotidiana, y es parte del rol del Estado satisfacer estas necesidades. Hay un dicho alemán que dice: "El hombre sólo es hombre ahí donde puede jugar".

-¿Pero cómo se ordenan estas prioridades cuando los recursos son limitados y las necesidades primarias muchas?
-Eso se organiza recogiendo impuestos en forma equitativa. Mayor nivel de impuesto para los más ricos y menos para lo que tienen menos.

El dinero que se recauda por esta vía hay que recanalizarlo hacia las artes. En Alemania, por ejemplo, un 2,5% de todo lo que se recauda por vía de impuestos va a las artes y en las comunas o municipalidades un 5% del presupuesto está destinado a cultura.
Porque esto también es rentable o vale la pena económicamente para el Estado y para los municipios porque el producto geográfico bruto que las artes producen o logran es también el 2,6% del presupuesto nacional. Logran exactamente el mismo porcentaje del PIB que la agricultura, por ejemplo, pero ella es subvencionada machismo más que las artes. La cultura es un factor económico.

En Alemania vale la pena y es rentable para el Estado, invertir los impuestos recaudados en sectores más productivos o sectores más exitosos como en este caso la cultura que es más exitosa que la agricultura.

-Usted ha hablado de la gran estructura de la política alemana y la forma en que se repartían los recursos. Es fuerte porque tiene muchos recursos que distribuir ¿La política cultural pasa siempre por distribuir recursos?
-Conseguir recursos es el trabajo principal de la política cultural. El encargado de cultura tiene la tarea de sacar el máximo de recursos del bolsillo del ministro de hacienda o al tesorero de la municipalidad, esa es su tarea, obtener la mayor cantidad de recurso para la cultura.

Estos recursos se ocupan en parte para construir o establecer instituciones como museos, teatros o bibliotecas y para financiar a las personas que trabajan en ellas. Pero en Alemania, las óperas y los teatros también tienen la tarea de autofinanciarse, al menos en parte y no todo lo reciben del Estado. Por ejemplo se gastan 20 mil millones de marcos en esas instituciones, y a su vez, un 10% de eso (dos mil millones de marcos) son ingresos propios de esas instituciones.

-En la estructura cultural que tiene hoy Alemania no ha sido siempre de esta manera. ¿Desde qué evidencia adopta la estructura que tiene hoy?
-La verdad es que comenzó en 1871, al fundarse Alemania como una sola nación, a partir de un sinnúmero de estados pequeños porque antes Alemania como tal no existía, era parte de miles de condados y arzobispados, principados. En el momento de fundar el país, el Parlamento de ese momento comprendió que era necesario financiar la gran cantidad de pequeñas instituciones que existían en el territorio, por ejemplo existían más de 160 óperas.

-¿Y cómo funciona el financiamiento de su institucionalidad cultural?
-En Alemania la política cultural, es decir el financiamiento de las instituciones culturales, siempre ha sido descentralizado a través de los parlamentos de los diferentes estados federados. Un 45% del financiamiento de estas instituciones vienen desde las comunas, otro 45% de los estados federados y un 10% del estado federal o de la federación.
Hubo un cambio en el sentido que esta estructura federativa de financiamiento de la cultura y de las artes, fue suspendida durante el Tercer Reich cuando por 12 años se tenía solamente un financiamiento centralista. Ese centralismo fascista casi destruye la cultura alemana porque significó que grandes artistas emigraran del país, los más importantes filósofos, muchos de ellos de origen judío abandonaron el país. De modo que después de 1945 estaba claro que nunca más debía haber una política cultural centralista.

-En este contexto, ¿cuál es el rol de un ministro de cultura?
-Mi rol fue el siguiente y con la consecuentes prioridades:
Lo primero fue dotar de recursos a la antigua RDA, Alemania Democrática y de reparar las consecuencias de más de cuatro décadas de política cultural totalitaria. Los museos estaban destruidos, la infraestructura, las máquinas en los teatros no funcionaban, los palacios y castillos estaban en estado deplorables y las bibliotecas carecían de libros.
La segunda prioridad fue la ciudad de Berlín que tiene un conjunto de museos importantes, de gran relevancia, la mayoría de ellos en muy mal estado, arruinados producto de la guerra y la mayoría de ellos estaban ubicados en Berlín Oriental comunista y la restauración de esos museos es un proyecto que está costando, en un lapso de 10 años, 10 millones de dólares y esos fondos hubo que conseguirlos.
Además tenía la misión de cuidar y transformar en museos o lugares de conmemoración, por ejemplo, los antiguos campos de concentración del Tercer Reich y eso fue algo que implementé en conjunto con los estados federados.
También existe la legislación europea que se preocupa que todas la leyes a nivel europeo se armonicen. Por ejemplo la ley de derechos de autor, la de libre competencia, la respecto de bienes culturales, el IVA para los libros, la censura o la protección de menores. Todas estas son leyes que deben armonizar a nivel nacional para que rijan después en toda Europa.
Y eso es un trabajo legislativo que ocupa mucho tiempo, pero que también era parte de mi trabajo. Nosotros además también elaboramos una nueva ley de donaciones culturales.

-¿En esta labor, con qué dificultades se encontró?
-Un primer escollo era el temor de los estados federados de que el Estado central obtuviera demasiado poder. El segundo es que no había fondos suficientes, siempre son escasos.

-No había problemas con otras personas o grupos que quisieran algo distinto como política cultural.
-En mi ministerio sí, pero lo subordinados deben obedecer.
En el Parlamento hay una oposición que obviamente criticaba y todo lo que se hizo le pareció mal. Pero eso es su trabajo.

-Cómo funcionan los aportes privados, usted decía que los museos funcionan con aportes autogestionados.
-No son muy importantes. Los dineros privados que llegan a la cultura a través de diversas fundaciones son, más o menos, 400 millones de dólares al año. Normalmente la gente que tiene esos recursos para destinar a la cultura no es porque se interese en ella, sino porque les interesa el dinero.

-Entonces la cultura siempre debe ser financiada por el Estado.
-Sí, porque a través del autofinanciamiento nunca funciona.
Por ejemplo en Europa desde la música hasta la arquitectura fue financiada por la noblesa, por condes, papas o autoridades de la época. En el capitalismo temprano, en el renacimiento, los grandes patricios de las ciudades como Florencia, Siena, Padua o Milán imitaron a la iglesia católica en su actitud.

-En qué redunda como país ser fuerte culturalmente y poseedor de todo este apoyo a través de una política cultural?
-Yo afirmo que eso significa o redunda en tener una sociedad libre, significa también una sociedad más productiva.
Redunda en una sociedad en la cual las cuestiones de justicia y equidad son discutidos con mayor certeza. Finalmente estoy seguro de que una sociedad que no recuerda de donde viene, no sabe tampoco a donde ir.

Enviado por Maurico Otero, grupo de poesía.