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Uruguay: Nota reproducida gracias a la gentileza de Revista Koeyu Latinoamericano
Creo que todos aquellos "boludos" como más de alguien definió a la generación del 60, aquella que quiso alcanzar el sol con la mano y que dejó tras si un rastro de víctimas en toda América Latina, ha vibrado con el triunfo del Frente "Grande" Uruguayo, como lo hará en diciembre en Chile. Contrario a la intención de los asesinos de la larga "Noche de los Cuchillos Largos" el tiempo permite aflorar la verdad de esas intenciones nuestras de cambiar la fisonomía de América Latina por la de un mundo mejor. Ojalá que los "pacientes ingleses" y los asesinos condenados por el Juez Garzón no puedan levantarse nunca más de sus tumbas históricas para destruir el sueño de nuestros pueblos.
El domingo 31 de octubre mientras rastreaba en internet los resultados de las elecciones presidenciales de Uruguay, de pronto, y al ver las cifras que ubicaban a la izquierda uruguaya unificada en el Frente Amplio- Encuentro Progresista, como la principal fuerza política del país, comenzaron a surgir un montón de recuerdos. Es difícil recordar cuando a uno le invade la emoción de la historia, y las caras de tantos y tantas que quedaron por el camino. ¿Cómo lograr que la memoria no se tiña de gris? ¿Cómo hacer que esa alegría de los números electorales no se diluya en la mirada hacia el pasado? ¿Cómo olvidar el pasado? ¿Cómo proyectar el futuro? Sin embargo y a medida que transcurrían los minutos me fui dando cuenta que era imposible separarlos, que las imágenes de este triunfo eran parte de las otras y las otras de estas, y estas y las otras de la que vendrán. Alguien dijo por ahí que para estar alegre es menester haber estado herido, no sé pero sí sé que para llegar a esta realidad de hoy la izquierda uruguaya sufrió la persecución, la muerte, el exilio, la cárcel. Los militares y sus amigos civiles, que asaltaron el poder en 1973, creyeron que la muerte podría desaparecer a la izquierda uruguaya, y lo que es peor que el miedo podría sacarla del pensamiento de la juventud que iba naciendo a la vida política. Ni una ni otra. También pensaron que la tortura sistemática a los nueve rehenes que tuvieron sepultados en vida durante doce años, podrían destruir sus decires y pensares. Se equivocaron.
Cuando Raúl Sendic, uno de los rehenes, salió de la cárcel su pensamiento apostó a la conformación de un Frente Grande que fuera más allá del Frente Amplio e incluyera a todos los progresistas del país. "Frente Grande una respuesta del pueblo": las paredes de Montevideo tapizadas con esa frase no me dejan mentir.
Hay tres personajes que marcaron la historia de este siglo XX uruguayo: José Batlle y Ordoñez porque supo ver la necesidad de reforzar el Estado para lograr políticas y leyes sociales, industrializar el país para levantarlo y decirle a la Iglesia que se dedique a salvar almas si es que podía hacerlo; Aparicio Saravia, porque dio el toque de atención sobre el olvido en que quedaba el campo con el proyecto batllista y Raúl Sendic por rescatar ese Uruguay de los cañeros, los arroceros, los otros, y mostrar la decadencia de la "Suiza de América".
La Patria nos llama, orientales al Frente, fue la consigna que presidió el primer acto del Frente Amplio, allá por marzo de 1971. Había estado de sitio, confrontación social y el accionar tupamaro cuestionaba el poder tradicional con su corrupción y fraudes constantes. La represión de los sectores de derecha, las fuerzas militares y paramilitares iba en aumento y el país transitaba hacia una dictadura que se consolidaría en 1973. Doce años de terror, hasta que en 1985 los dictadores comienzan a marcharse y la realidad empieza cambiar lentamente. En 1986, a instancias de los Familiares de Desaparecidos se crea la Comisión Pro Referéndum, encargada de promover un plebiscito para derogar la Ley de Impunidad, que prohibe juzgar a los violadores de los derechos humanos. Un médico oncólogo desconocido en el ámbito político, el doctor Tabaré Vázquez, fue el tesorero de esa Comisión. La ley no pudo ser derogada, la campaña de miedo desde los partidos tradicionales, agitando el regreso de la dictadura, pudo más y el 52 por ciento de los uruguayos votó por ratificar la ley. En 1989, el Frente Amplio gana la Intendencia (Alcaldía) de Montevideo, con el 34 por ciento de los votos de la capital uruguaya y en 1992 lidera un plebiscito contra la privatización de las empresas públicas. El 72 por ciento de los uruguayos le dice no a las privatizaciones. En 1994 se funda el Encuentro Progresista, integrado por el Frente como fuerza mayoritaria y sectores salidos de los partidos tradicionales, y así se camina hacia el Frente Grande que soñaba Sendic.
Las elecciones de 1994 demuestran que el crecimiento de la izquierda se consolida, cuando se registra un empate técnico entre los partidos tradicionales y el Encuentro, pero gana el partido Colorado, liderado por Julio María Sanguinetti. La intendencia de Montevideo vuelve a ser frentista con el 44 por ciento de los votos de la capital, 10 por ciento más que en 1989. Al ver el progreso de la izquierda, la mayoría de los Partidos Blanco y Colorado propone una reforma constitucional que crea la segunda vuelta electoral. El plebiscito contra la reforma, liderado por Vázquez, se pierde por escasos 9 mil votos. Hoy la izquierda obtiene el 39 por ciento de los votos a nivel nacional y el 51 en Montevideo transformándose en la mayor fuerza pol ítica de este fin y comienzo de siglo uruguayo. Esa izquierda logra 40 diputados de 99 y 12 senadores de 30 (entre ellos 2 tupamaros que fueron rehenes de la dictadura), gana en departamentos del interior del país donde nunca se hubiera pensado y tiene chance cierta de llegar al gobierno el próximo 28 de noviembre en la segunda vuelta inventada por blancos y colorados.
Pero Raúl Sendic no pudo
ver su obra terminada. Hace diez años, antes incluso de
que la izquierda ganara la alcaldía montevideana, la enfermedad
de Charcot, provocada por los 13 años de tortura sistemática
pasando días en aljibes con el agua hasta la cintura, no
lo permitió. Sin embargo, este triunfo del Frente nos recuerda
que Raúl sigue ahí. El hablar bajito y los silencios
son parte de la gente que salió a festejar el 31 de octubre,
de la que solo recordó con una lágrima y de la que
sigue uniendo sueños y recuerdos. 4/11/99