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MONTEVIDEO, Uruguay.- En Jacinto Vera, un barrio de la capital uruguaya, por estas fechas los niños arman los "judas". Los "judas" son muñecos de trapo que se los deja sentados junto a la puerta de la casa o en alguna esquina transitada y es utilizado por los niños para pedir dinero.
Cuando los niños ven alguna persona que se aproxima al "judas", se abalanzan al grito de "un peso pal judas". Según la tradición, en la noche de Navidad se quema al "judas" en una fogata pública. La mayor parte de lo recaudado es consumido en golosinas y fuegos artificiales por los pequeños.
En los hogares uruguayos, sin importar su posición social, no faltará el arbolito de Navidad, la imagen de Papa Noel, el pesebre y la abundante comida rica en calorías. Muchas de estas costumbres son tomadas de Estados Unidos y Europa.
La comida que abunda son frutas secas abrillantadas, almendras, nueces, pan dulce, budín inglés y el plato principal suele ser un lechón o cordero asado. Alimentos ricos en calorías para clima frío cuando el ambiente en Uruguay supera los 30 grados centígrados.
Al llegar la medianoche los fuegos artificiales y "bombas brasileñas" estallan por doquier y las familias y los amigos se desean "Feliz Navidad". La mayoría de la gente pasa despierta la noche y se organizan fiestas, tanto privadas como públicas.
Uno de los barrios típicos
de Montevideo, es Jacinto Vera. Allí se organizan grandes
fogatas al llegar la medianoche en medio de la calle.
Allí será quemado el "judas".
Los fogones duran toda la noche, y a su alrededor la gente se reúne para bailar y dar rienda suelta a su alegría. A su vez, una cuerda de tambores, a ritmo de candombe, recorre las calles del barrio llamando a los vecinos.
La gente responde al son de los tamboriles y se va bailando detrás de ellos. La fiesta no termina sino "hasta que las velas ardan" o el cuerpo no resista más.
Según los estudiosos de estas tradiciones, estas grandes fogatas se remontan a la época en que existían en la zona sitios especiales, donde las lavanderas acudían a lavar la ropa. Era en estos lugares donde se hacían grandes fogones para recibir la Nochebuena en familia.
La tradición anglosajona
convive con las fogatas de Jacinto Vera y los tamboriles que hacen
sonar el candombe, trayendo la fuerza de la música de los
negros esclavos que arribaron a estas tierras. Un crisol cultural,
reflejo de esta tierra de inmigrantes, que también a la
hora de festejar, saca a relucir lo mejor de cada cultura.