ir al sitio Correo del Sur     volver a 1ra página  

La confrontación

Iván Silén

Quiero que sean los puertorriqueños los que decidan (su estatus político).

Bill Clinton

No importa cuanto se pospongan las confrontaciones políticas (las guerras civiles, las revueltas, las revoluciones), éstas, como la muerte, tarde o temprano llegan. Puerto Rico y Estados Unidos, independientemente de la labor que realicen los-colaboradores-coloniales, los-oportunistas-demokráticos, los-asesores-guardaespaldas de Clinton, o del Calígula en función, terminarán por chocar desastrosamente. Obviamente las fuerzas militares están de parte de los Estados Unidos, pero afortunadamente (lo palpamos en el rostro de la gente) la fuerza moral, la fuerza espiritual y las fuerzas políticas (el arte del desafío) están de parte de nosotros. Aquí inmediatamente surge una pregunta: ¿estamos preparados para este choque histórico con los invasores?

Muchos periodistas se preguntan, Enrique Gratas por ejemplo, ¿por qué los puertoriqueños han esperado tanto? Sencillamente porque los procesos políticos e históricos (la caída de Atenas, la caída de Roma, la caída del bloque soviético, etc.) no son mágicos. Estos procesos que nosotros somos ahora requerían del tiempo necesario de ser. Muchos pensaron, derechistas y centristas (republicanos y demócratas) que era posible enterrar vivos a los puertorriqueños en los ataúdes de la historia. Pero para mantener la vitrina de su liberalismo, comprendieron que no podían desaparecer racistamente a los puertorriqueños en las cárceles de su demokracia imperial. Mientras tanto, nosotros seguíamos produciendo, ante el asombro, el olvido y la incomprensión del resto de Latinoamérica. Nosotros seguíamos produciendo esa literatura dramática que somos y que Latinoamérica y España desconoce. Seguíamos produciendo esa música radical y emocional que la gusanera del exilio cubano ha tratado de enterrar y seguíamos produciendo, para escándalo de los
académicos, esa lengua literaria y real que nos distingue y nos caracteriza: Tapia y Rivera, Palés Matos, Julia de Burgos, Matos Paoli, Rosario Ferré, Ana Lydia Vega, Iván Silén, Ramos Otero, Luis Rafael Sánchez, René Marqués, Enrique Laguerre, Zeno Gandía, Lloréns Torres, etc.

¿Qué ha de suceder ahora? O mejor aún: ¿qué está sucediendo? Sencillamente que Vieques, pésele o no a los embajadores de la traición, nos está lanzando al problema del status. Querer negar este movimiento de la definición (del status) de los últimos años (la Huelga Nacional, el plebiscito del 98 como derrota de la anexión, la libertá de los primeros presos políticos puertrriqueños) es no entender lo que está sucediendo en la política puertorriqueña. Es no entender que Vieques, a través de la desobediencia civil, nos ubica libertariamente delante de la muerte. Que si somos consecuentes con nosotros mismos, que si proseguimos este movimiento de lo
consecuente, nos tendremos que enfrentar a la posibilidad real de la muerte.

Si Clinton se olvida de esas palabras de 1992 ("Quiero que sean los puertorriqueños los que decidan su estatus político.") y asume contra los puertorriqueños una decisión que no le incumbe, o que sólo le incumbe imperialmente, entonces, el choque no será la estrategia comercial de los partidos oficialistas. Refugiarse detrás de la pantomima de la "ciudadanía norteamericana", los puertorriqueños como ciudadanos de la Morgue, es no entender a estas alturas del juego que los puertorriqueños somos otra cosa. Es no comprender que la-"ciudadanía-yanqui", impuesta militarmente a los puertorriqueños en 1917, sólo es un simulacro. Que no hay nada más falso que
esa "ciudadanía" que los partidos oficialistas comercian y que transforman en la miseria moral que tratan de utilizar "políticamente". Nosotros no estamos defendiendo a Vieques por ser "ciudadanos"-yanquis. Esto es lo infame. Y afirmar ésto es el intento nefasto de una politiquería barata. Es afirmar la infamia contra nosotros mismos. Vieques es el rostro de esa nación que nos diferencia latinoamericanamente. Quizás por este movimiento de lo inédito la "influencia" gringa no nos ha derrotado, sino que nos ha fortalecido. Cien años de coloniaje yanqui no nos han asimilado. Nosotros, en la ciudad de Nueva York, hemos dado el ejemplo más radical de resistencia cultural a los demás pueblos latinoamericanos: que la asimilación es una quimera. Que la asimilación no tiene por qué ser necesaria. ¡Que la asimilación es la traición de los débiles! Los puertorriqueños en Nueva York nos hemos diferenciado de los irlandeses, de los italianos, de los europeos, porque hemos dado la resistencia cultural más importante a la que se hayan tenido que enfrentar los gringos. Ahora, fortalecidos por nuestra propia historia, estamos dispuestos a dar la resistencia política más importante. Detrás de
esta resistencia está la diferencia que somos. Esta es la diferencia que filósofos e intelectuales como Derrida no entienden. Pero si nos hemos enfrentado a la asimilación, al simulacro, al colaboracionismo, y a la infamia, también nos hemos tenido que enfrentar no sólo a la traición de nuestros intelectuales puertorriqueños, sino al silencio de los intelectuales latinoamericanos y españoles. Pero, ¿qué harán estos intelectuales, o esos filósofos del silencio, cuando el escándalo explote? Vieques, en la posibilidad misma de morir, es la definición radical entre lo-yanqui y lo-puertorriqueño. Vieques será el acto vital que trace la línea entre los aliados y nuestros enemigos.

Con este pequeño artículo no sólo estamos haciendo un llamado a los puertorriqueños para que adquieran consciencia ante lo que tenemos delante (la independencia y la soberanía del pueblo puertorriqueño), sino también un llamado a los pueblos latinoamericanos y al pueblo español para que apoyen a los puertorriqueños en estos días que se avecinan.

La historia siempre será una sorpresa. Y en estos momentos el pueblo viequense, el pueblo puertorriqueño, debe dirigir y organizar a sus políticos y no permitir que los políticos "profesionales" nos dirijan una vez más, demokrática o despóticamente, porque esto sería desembocar a la pantomima de siempre. Los puertorriqueños tenemos que comprender, lo mismo que el resto de Latinoamérica, que nos hallamos delante de nosotros mismos. Que Vieques es lo primero del esbozo real y espiritual de la independencia que ya puja por
nosotros. O nos hacemos, de una vez y por todas, parteros de nostros mismos, o seguiremos siendo los carceleros de la demokracia invasora.

Quien niegue el status en relación a Vieques no sólo nos traiciona, no sólo nos miente, sino que intenta, una vez más, vendernos como el-feto-político que no somos en los mercados de la privatización y de la globalización. Nunca antes Puerto Rico, como nación, se había estado jugando su propio destino político delante de la muerte. Los hombres y mujeres de la desobediencia civil tenemos que tener claro que la marina de Estados Unidos no sólo puede encarcelarnos (¿estamos listos para sufrir la prisión como libertarios?), sino que la marina también puede disparar y bombardear los hombres de la desobediencia civil. ¿Estamos listos para morir? ¿Sobreviviremos? ¿Cada hombre debe hacerse esta pregunta radical de la vida. Siempre se ha de morir, pero lo importante es entender que la decisión, nuestra propia libertá individual, podría llevarnos a una muerte o a esa liberación colectiva que somos y que reclamamos.

¿No se ha preguntado el lector por qué los políticos oficialistas no hablan de esta posibilidad? Primero, porque tienen miedo; segundo, porque son hipócritas; y tercero, porque no creen en Vieques, ni creen en Puerto Rico. La lucha por liberar a Vieques no sólo nos llevará a una lucha contra la marina, sino que nos llevará también a una lucha radical contra los políticos del oportunismo muñocista y del oportunismo anexionista. Aun así, los procesos políticos transforman la gente. La nación que somos terminará por transformar a los puertorriqueños. ¿Estás listo para la transfiguración, como la hubiera llamado Albizu Campos? Los días de la colonia están contados. Unos viviremos para transmitir esta historia, otros moriremos como parte del proceso de hacernos puertorriqueños. ¿Estamos listos? ¿Estás listo tú?

He aquí que Puerto Rico está delante de sí mismo.

20 de noviembre de 1999
Nueva York