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Agencia
Informativa Púlsar Información de América Latina y el
Caribe vía Internet 24/7/2000
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El Mundo
Patas Arriba: Curso básico de racismo y machismo 5
Desde Montevideo, Eduardo Galeano
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Pareces indio, o hueles a negro, dicen algunas madres a los hijos que no quieren bañarse, en los países de más fuerte presencia indígena o negra. Pero los cronistas de Indias registraron el estupor de los conquistadores, ante la frecuencia con que los indios se bañaban; y desde entonces han sido los indios, y más tarde los esclavos africanos, quienes han tenido la gentileza de trasmitir, a los demás latinoamericanos, sus costumbres de higiene.
La fe cristiana desconfiaba
del baño, que se parecía al pecado porque daba placer. En España,
en tiempos de la Inquisición, quien se bañaba con alguna frecuencia
estaba confesando su herejía musulmana, y podía acabar sus días
en la hoguera. En la España de hoy, el árabe pobre es nada más
que moro: para los racistas, moro hediondo. Sin embargo, como sabe cualquiera
que haya visitado esa fiesta del agua que es la Alhambra de Granada, la cultura
musulmana es una cultura del agua desde los tiempos en que la cultura cristiana
negaba toda agua que no fuera de beber. En realidad, la ducha se popularizó
en Europa con considerable demora, más o menos al mismo tiempo
que la televisión.
Los indígenas son cobardes y los negros asustadizos, pero ellos han sido siempre buena carne de cañón en las guerras de conquista, en las guerras de independencia, en las guerras civiles y en las guerras de fronteras de América Latina. Indios eran los soldados que los españoles usaban para masacrar indios en la época de la conquista. En el siglo diecinueve, la guerra de independencia fue una hecatombe para los negros argentinos, siempre ubicados en la primera línea de fuego. En la guerra contra Paraguay, los cadáveres de los negros brasileños regaron los campos de batalla. Los indios formaban las tropas de Perú y Bolivia, en la guerra contra Chile: esa raza abyecta y degradada, como la llamaba el escritor peruano Ricardo Palma, fue enviada al matadero, mientras los oficiales huían gritando ¡Viva la patria! En tiempos recientes, los indios pusieron los muertos en la guerra entre Ecuador y Perú; y no había más que soldados indios en los ejércitos que arrasaron las comunidades indias en las montañas de Guatemala: los oficiales, mestizos, cumplían en cada crimen una feroz ceremonia de exorcismo contra la mitad de su sangre.
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