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27 Dec 2000 16:06:35 +0100
De: "Al Sur del Sur" <alsurdelsur@wanadoo.es>
Asunto: FINES Y PRINCIPIOS

Fines y Principios
Tito Alvarado

Somos prisioneros de las palabras, prisioneros del tiempo que nos toca vivir, prisioneros de la cultura que nos forma, prisioneros de la ley del menor esfuerzo, de no darnos cuenta, de creer en quienes nos aprisionan, de no sentir los dolores ajenos, de mirar sin ver la realidad, de creer que controlamos lo incontrolable, de creernos superiores, de generar mitos y sin embargo, en este desierto de muchedumbres hay quienes hacen posible la primavera, hay quienes creen en el hombre, hay quienes luchan sin medir los sacrificios, hay quienes ayudan sin pasar la cuenta y por lo mismo hay esperanza.

Fines, principios son palabras de doble significado: fines nos habla de objetivos que se persiguen con afán y de cuestiones que se terminan; principios nos remite a valores que delimitan la actuación de alguien y a comienzos de una época, acontecimiento, proceso u objeto.

El año 2000 fue señalado por los diseñadores de mercado, de gustos, de modas, de usos y abusos como el comienzo del nuevo milenio. Los porfiados hechos, las cifras en uso, demuestran que nada comienza en cero, entonces tenemos que aunque nadie lo espere, aunque nadie lo celebre o señale como un hecho relevante, el 31 de enero a las 24 horas o doce de la noche, termina el segundo milenio del calendario gregoriano, de la contabilidad cristiana del suceder del tiempo.

En su afán hegemónico, ciertos centros de poder de la mal llamada civilización occidental y cristiana nos hacen creer que el mundo entero celebra una fecha que en realidad tiene valor para poco menos del 20% de la humanidad. Conviene recordar que el resto de la humanidad esta dividida en un porcentaje que es musulmán, judío, budista, hinduista, cientifista y otras religiones y culturas que no se basan en los fundamentos cristianos y que también tienen su propio método para medir el viaje de la tierra por el universo infinito.

Nosotros, los del sur, prisioneros de la cultura dominante, no podemos dejar de notar que el último segundo del 31 de diciembre del año 2000, tal como lo señalara muy bien Héctor Torres, no solo separa un día de otro, un año de otro sino que además separa un siglo de otro, un milenio de otro. El Tercer milenio de la medición cristiana del tiempo comienza con el primer segundo del primero de enero del 2001 y la pregunta del millón, por tratarse de un paso tan grande en un lapso tan pequeño, es si este principio ha de traer un cambio en la conducta de la humanidad. Sucede que somos entes transformadores de realidades externas en cuasi-realidades internas o lo que viene a ser lo mismo; interpretamos la realidad de acuerdo a nuestra particular manera de ver, en este sentido se constata la imperiosa necesidad de cambios profundos en todo orden de cosas, esta necesidad la transforma la subjetividad de muchos en un cambio que ha de producirse a partir del tercer milenio. Soy de los que no creen en cambios a la voluntad del viento, en cambios por arte de magia, que ya ni magos hay.
Bien pudiéramos resumir este andar de la humanidad en ciertos hechos esenciales: la capacidad de almacenar y procesar información se ha duplicado en estos últimos 25 años; las desigualdades económico-sociales siguen aumentando: cada vez son menos los ricos, con más riqueza y mucho más los pobres, con mayor pobreza; la ciencia y la tecnología avanzan como nunca se imaginó, pero de nada sirven para solucionar; hambre, paz, vivienda, salud, educación, controlar inundaciones, sequías, generar empleo para todos, etc. Y peor aún, hay problemas que amenazan seriamente la vida en el planeta: tala indiscriminada, aumento de la contaminación, perdida de la capa de ozono, cambios climáticos devastadores, erosión de suelos y avance de los desiertos. Junto a estos peligros tangibles tenemos los intangibles, pero no menos terribles: la perdida de identidad, la total falta de valores, la esclavitud de vivir totalmente ocupados con la sobrevivencia diaria, la desculturización progresiva, el individualismo como negación de la convivencia social, la renuncia al ejercicio de pensar, etc. Detrás de estos problemas está el sistema imperante. Ese humanismo capitalista, de libre mercado o neoliberalismo tan poco humano, de medir todo por la ganancia inmediata, sin importarles los resultados de mañana. Esto es lo que debe cambiar.

Este comienzo de milenio tiene problemas solucionables, sólo que al sistema, a los que se benefician no les convienen esas soluciones y para mantener sus privilegios cuentan con el control de las ideas puestas en circulación. Ellos ejercen el control de la sociedad por medios políticos, legales, económicos, militares e ideológicos. Nosotros, los de abajo, sólo podemos oponerles nuestra férrea voluntad de cambio.

Dice un proverbio chino que todo viaje largo comienza con un pequeño paso, este pequeño paso del largo viaje del cambio, tan necesario como posible, comienza en cada uno de nosotros. Veamos el cambio no como algo a esperar que se produzca sino a producir con nuestras acciones y pensamientos. Asumamos el principio de que la realidad es el resultado de la actuación de todos y cada uno. El actual orden de cosas es posible gracias a que hemos sido convertidos en meros espectadores, cambiemos esta triste realidad y asumamos el papel de actores, copemos la escena con una acción concreta, una actitud distinta, un pensamiento nuevo, una razón de vida. Este largo viaje comienza con incorporar a nuestra forma de vida esa acción, esa actitud, ese pensamiento, esa razón.

Qué este principio de milenio nos haga reflexionar en el tiempo vil vivido en vano, en las consecuencias de nuestros actos pasados, en lo que proyectamos hacia los demás, que esta reflexión nos permita ver el estado deplorable de las relaciones humanas y nos sirva para entendernos como hermanos compartiendo un espacio, como seres sociales cuyas necesidades y actos para su concreción requieren la participación de otros seres sociales. Qué este milenio sea el fin de los falsos valores del individualismo mercantilista y con actos absolutamente nuevos inauguremos el comienzo de la verdadera historia humana: actos de amor, actos de creación en beneficio del género todo.

El tercer mileno comienza con el cara o sello de la cumbre o el abismo, que sea como un sueño hecho realidad o que sea una lamentable pesadilla, depende única y exclusivamente de la concatenación de nuestros actos. La humanización de la naturaleza, la naturalización del hombre es la meta. Si para muchos la vida es un infierno, lejos de la actitud pasiva del lamento, veamos allí el desafío para construir el cielo en la tierra.

Si comparte esta actitud de vida, envíe este mensaje a sus amigos, contáctenos, pero sobre todo de señales de nueva vida.

Tito Alvarado
Presidente
Proyecto Cultural Sur